En España seguimos asociando al lobista con el que te vende su agenda de contactos para “acceder al Poder”  o gestionarte un conjunto de reuniones con cargos públicos o con altos directivos de empresas privadas.

Sin embargo, el proceso de normalización fomentado por la OCDE y la Unión Europea empieza a dar resultados, pues cada vez me encuentro con más políticos y consejeros delegados o empresarios españoles que distinguen muy bien entre la actividad de lobby profesional y la actividad de compadreo o clientelismo, a la que hemos estado tan acostumbrados.

Recientemente un empresario me comentaba que se whatsapeaba con Cristóbal (Cristóbal Montoro, Ministro de Hacienda) pero de ahí a lograr que no le subiera el IVA a su sector, había un largo camino por el desierto , donde la amistad o la gestión de una simple reunión, eran radicalmente insuficientes.

¿Qué hacen los “conseguidores”? Por lo general ellos se limitan a facilitar el acceso o a apoyarse en sus relaciones de confianza -familiares, amigos, excompañeros políticos…- para que los Poderes Públicos acojan con más facilidad los intereses de su empresa, asociación empresarial o cliente, pero sin asegurar resultados. No asesoran ni analizan los intereses que tienen que defender o representar, ni siquiera desarrollan estrategias para influir en el Poder Público.

El lobby profesional no vende contactos sino método de trabajo

Analizando el cambio de tendencia, observo que la actividad de lobby profesional no “consigue” sino que asesora; no ofrece contactos sino estrategia; no presenta una agenda de contactos sino un método de trabajo; sus relaciones no son opacas sino con luz y taquígrafos; no consigue reuniones sino resultados; vela por el interés privado pero respetando las reglas del interés general; su relación con el Poder no está basado en la amistad sino en la profesionalidad y honestidad.

Necesitamos lobby profesional para la internacionalización de nuestras empresas

Por ejemplo, en el ámbito de la internacionalización, me sorprende que algunas compañías  depositen la mayoría del éxito (o del riesgo) de ganar una licitación pública en un conseguidor, especialmente en grandes proyectos que requieren negociaciones no sólo con la Institución Pública que toma la decisión, sino con sectores de la sociedad civil, con gobiernos regionales o municipales, así como un reconocimiento en la opinión pública que no se obtiene de la noche a la mañana.

El Presidente de una compañia española en Estados Unidos me decía que cuando se le acercaba una persona diciendo que podría conseguirles un gran contrato porque era amigo del presidente o ex presidente de un país, al salir de la reunión se revisaba los bolsillos por si le faltaba la cartera…

El esfuerzo de nuestras empresas y de los Servicios Exteriores por internacionalizarse e influir en los centros de decisión (Shanghai, Ginebra, Bruselas, Washington….) pasa por desarrollar el lobby profesional (otros prefieren llamarlo diplomacia corporativa, asuntos corporativos, etc) e ir desplazando al conseguidor-networker que nos vende a sus múltiples amigos repartidos por todo el mundo, sin una estructura, método y código ético de participación e influencia.

2 thoughts on “¿En qué se diferencia un lobista de un conseguidor o intermediario?

  1. Catalina G. Obrien

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