Desconfiamos de los políticos y altos cargos, ¿pero ellos confían en nosotros?

 

Desgraciadamente se ha convertido en un tópico el aumento de la desconfianza en los políticos, basta repasar los índices de Transparencia Internacional, para constatar la percepción social.  Pero considero que no se habla nada ni conozco ningún estudio –cualquier referencia será bienvenida-, que hable sobre el incremento de la desconfianza de los políticos hacia sus interlocutores sociales o privados. En mi trabajo a lo largo de los años observo que la desconfianza de los cargos públicos también va in crescendo.

 En algunos entornos políticos de cualquier color y entre algunos cuerpos de la administración sigue latente el principio per se de que el interés privado o social es enemigo del interés público, y ciertamente con este punto de partida es difícil establecer un marco de confianza y honestidad profesional.

 Pero más allá de principios ideológicos, también ha habido actitudes y hechos que nos han hecho ganar a pulso la desconfianza.

  • Cuando más que confianza lo que se pretende construir es compadreo,
  • cuando más que convencer se intenta comprar voluntades,
  • cuando más que argumentos se presentan ofertas laborales,
  • cuando la conversación se inicia porque soy cuñado del amigo de tu primo,
  • cuando se dice defender unos intereses, pero se ocultan los verdaderos
  • cuando se presentan supuestos datos, pero no coinciden con la realidad

No es posible establecer una relación de confianza profesional necesaria en una interlocución entre lo público y lo privado, entre el funcionario y la ONG, entre el secretario de estado y la asociación empresarial…

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