IMG_53391-606x404Alberto Artero es el Sr. McCoy en El Confidencial, un columnista especializado en temas financieros y empresariales. Durante años, Artero ocultó su verdadera identidad a la comunidad de lectores del joven diario online. Sus columnas fueron las más leídas y comentadas en el ámbito financiero español y el hecho de que se firmaran bajo pseudónimo las envolvía de una aureola de misterio. Un buen día, a principios de 2009, Artero decidió salir del armario y revelar su nombre y algunos detalles más de su vida privada.

Hoy sigue escribiendo sus columnas como Sr. McCoy y compagina esta labor con la de  Director General de Titania Compañía Editorial que publica El Confidencial, Cotizalia y Vanitatis. Es también profesor del Programa Superior de Lobby & Advocacy que dirigimos en el IE Business School, donde explica a nuestros alumnos la influencia del periodismo online en la sociedad.

Desde las lentes de un medio de comunicación digital como El Confidencial, Artero tiene una panorámica única de lo que está aconteciendo en la sociedad española. A diario observa cómo empresarios, políticos, periodistas y actores de la sociedad civil se relacionan, operan, negocian y acuerdan.

En una reciente entrevista para Lobby Transparente Artero compartió algunas de sus impresiones diarias.

Elena Herrero-Beaumont: ¿Cómo has visto evolucionar los mecanismos de representación de intereses privados en la vida pública a lo largo de estos últimos 10 años?

Alberto Artero: Antes de la crisis funcionaba el modelo del “conseguidor”, que ha ido progresivamente desapareciendo por diversas razones. Por un lado, estos “conseguidores” transitaban en los pasillos políticos para hacer negocios. Con la llegada de la crisis, toda esta gente que pagaba a los políticos para influir desapareció del escenario por no haber dinero ni fuera ni dentro de la administración. ¿Tu puedes influir en algo en el Ministerio de Fomento? No, porque no hay presupuesto.

Otra razón del cambio de modelo es que hay una mayor fiscalización. En momentos de abundancia no se mira debajo de las alfombras. En momentos de escasez sí.

Por último, el PP es mucho más profesional en la gestión que el PSOE. La administración del PP es mucho más aséptica y está formada por profesionales. Eso sí, son tan asépticos que pueden llegar a caer en una ineficiencia similar a la de los socialistas; y ello por no abrir un diálogo con el sector privado muy necesario para llevar a cabo la administración y  la regulación de los diversos sectores.  

Mi conclusión es que se está produciendo un cambio de modelo y por tanto  abriendo un nicho muy interesante para la representación profesional de intereses privados en lo público.

EHB: ¿Cuáles crees que son los principales retos del lobista profesional?

AA: El principal reto para aquellos que se dedican al lobby profesional es la herencia del “conseguidor”.

Otros retos provienen del modelo político español, donde no hay una vinculación directa entre gobernantes y gobernados. El modelo de representación anglosajón, donde las responsabilidades de un congresista están mucho más definidas, abre un margen de influencia legítima para el lobista profesional porque sabe a quién debe dirigirse.

En España, el que ejerce el poder en algunos casos es un director general dentro de la administración y eso a vuestros clientes les debe resultar difícil de entender cuando no están familiarizados con los mecanismos internos del gobierno y de la administración.

EHB: ¿Cómo describirías el proceso de toma de decisiones públicas?

AA: Yo creo que se basa en tres factores fundamentales: la eventualidad de si la decisión da votos o no; la oportunidad del momento, suelen ser decisiones coyunturales y no estructurales; la condicionalidad a la hacienda pública.

A todo esto podemos sumarle la progresiva pérdida de poder por parte de nuestros decisores públicos y la progresiva deslegitimación de lo privado.  En este contexto, podría casi afirmar que lo privado no influye apenas en la vida pública española.

EHB: Has escrito mucho sobre el proceso de la última reforma eléctrica y has podido hablar con los principales protagonistas, tanto en el sector privado como en el público. Tras experiencias como esta, ¿cuál es el papel de los periodistas en el proceso de toma de decisiones?

En España estamos atravesando una crisis del periodismo. Y una derivada fundamental de esta crisis es que el periodista se ha hecho así mismo prescindible, se ha puesto al servicio de su amo y ha perdido criterio. Así que hay 20 periodistas que influyen en nuestro país.

Para poder llegar a ser un periodista influyente tienes que reunir una serie de requisitos que yo resumiría en cuatro: ser creíble, es decir escribir sin estar al servicio de nadie; ser consistente, o ser capaz de elaborar argumentos sólidos. Para ello, no sólo basta con tener sentido común, sino también perspectiva y profundidad; ser capaz de aterrizar en el conjunto de la sociedad, cosa que no es fácil. Hay que escribir con un lenguaje muy coloquial, que llegue a la gente; y por último, ser perspicaz para llegar al gran público. Los titulares tienen que tener gancho y misterio.

Dicho esto, yo diría que tenemos más capacidad de influencia en lo privado que en lo público. Lo público tiene un barniz de impenetrabilidad en este país.

EHB: ¿Qué expectativas tienes en las diversas iniciativas por la transparencia que se están desarrollando?

Limitadas. Ya sabes el refrán: quien hace la ley hace la trampa. Es muy complicado ser transparente porque hay un sistema de representación donde el gobernante está muy alejado del gobernado.

Hay dos fronteras fundamentales para el desarrollo de la transparencia: el interés público y la privacidad de las personas. ¿Qué alcance va a tener la transparencia? Dependerá de si hay un interés público real en volcar determinados datos y si queremos respetar la privacidad de las personas, de los gobernantes. Ese interés público dependerá a su vez del interés real de la ciudadanía.

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