Desde el año 2007, el número de lobistas registrados en Estados Unidos ha caído más de un 17%, desde los 14.837 que había en 2007 hasta los 12.279 del año pasado. Este declive puede ser atribuido principalmente a dos factores: en primer lugar, una economía en recesión en la que las compañías recortan su gasto en lobbying (véase post anterior); y en segundo lugar, el endurecimiento de la normativa que regula el ejercicio del lobby que se produjo precisamente en el año 2007.

Lobistas en EEUU (gráfico)

En 1995, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Lobbying Disclosure Act (LDA), que obligaba a las organizaciones dedicadas a hacer lobby a publicar semestralmente un resumen de sus actividades, sus gastos y la lista de los lobistas que tenían empleados.

Tras el escándalo de corrupción y tráfico de influencias protagonizado por el lobista Jack Abramoff, el Congreso americano aprobó en 2007 la Honest Leadership and Open Government Act (HLOGA). Esta nueva norma endureció el control sobre los lobistas, obligándoles a publicar el informe de sus actividades con más frecuencia (cada 4 meses) y a revelar todas las contribuciones que realizan a candidatos, comités y PACs. Asimismo, la ley establece plazos de hasta 2 años para congresistas y sus empleados de más alto nivel durante los cuales tienen prohibido ejercer la actividad de lobby tras abandonar el ámbito público.

Este cambio legislativo, unido a la política de Obama de restringir la contratación de lobistas en la administración, aporta motivos a los lobistas para no registrarse, ya que ello les supone una carga muy importante en términos de reputación y les puede limitar sus perspectivas profesionales.

Si los lobistas quieren evitar registrarse, la misma HLOGA contiene la excepción que lo hace posible: la ley dice que si un profesional no dedica más de un 20% de su tiempo a hacer lobby, éste no tiene que registrarse como lobista y, por tanto, no está sujeto a ninguno de las obligaciones de control y transparencia incluidas en la HLOGA.

De acuerdo con los datos publicados por OpenSecrets en su informe Lobbyists 2012: Out of the Game or Under the Radar?, que analiza la actividad de los lobistas en Estados Unidos en el año 2012, más del 46% de los lobistas que estaban en activo en 2011 pero no en 2012 continuaban trabajando para los mismos empleadores. Ello sugiere que estas personas seguían haciendo el mismo trabajo, pero sin llegar a dedicar el 20% de su tiempo a contactar con congresistas y otros oficiales de la administración, por lo que quedaban eximidos de la obligación de registrarse y publicar sus actividades.

El hecho de que casi la mitad de las personas que dejaron de registrarse entre 2011 y 2012 permanecieran a sueldo de las mismas empresas, unido a que en 2008 –el año después de la aprobación de la HLOGA– se produjo la segunda mayor caída en el número de lobistas registrados, permite concluir que no sólo la crisis económica ha frenado la actividad de lobby en Estados Unidos, sino que el endurecimiento de la normativa reguladora ha provocado que parte de los lobistas hayan optado por aprovecharse de los resquicios legales para no tener que informar de sus actividades.

En una conferencia celebrada el 18 de febrero en la Fundación Rafael del Pino, Tony Podesta, fundador y presidente de la reconocida firma de lobbying Podesta, afirmó que la mala situación económica había repercutido negativamente en la industria del lobby, pero que la reducción en el número de lobistas registrados se debía también a que “algunas personas están escapando de sus obligaciones legales”.

Asimismo, Tony Podesta añadió que, “cada vez más, las relaciones gubernamentales son un trabajo de comunicación y relaciones públicas, de movilizar a la gente y emitir anuncios de televisión, y no tanto dirigirse directamente a congresistas o funcionarios de la administración”. El contacto con legisladores y oficiales de la administración es lo que la HLOGA prevé como actividades propiamente de lobby, de modo que si los profesionales centran su ejercicio en otras estrategias –sin utilizar más del 20% de su tiempo a actividades “tradicionales” de lobby– pueden esquivar la obligación de registro.

Con independencia del peso de los distintos factores en la bajada del número de lobistas registrados en Estados Unidos, el hecho cierto es que no todos los lobistas que han dejado de registrarse han abandonado la profesión, ya que, como hemos visto, muchos de ellos siguen trabajando en el mismo puesto y para la misma compañía.

Como dijo Louis D. Brandeis, juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos a principios del siglo XX, “la luz del sol es el mejor de los desinfectantes”. En este sentido, la actividad de lobby no debe ejercerse en la sombra y al amparo de lagunas legales arbitrarias, sino que debe estar bajo la luz para que sea visible y transparente. Por eso una vez más nosotros seguimos proclamando: luz y taquígrafos para la necesaria relación entre lo público y lo privado.

No obstante,  la HLOGA americana nos demuestra los límites de cualquier texto normativo: la ley hace justicia, pero no hombres justos; la ley promueve la transparencia, pero no hace hombres o lobistas transparentes. Por muy estricta y controladora que sea cualquier ley que regule el lobby, fracasará si no va acompañada de una educación y una cultura en la que pese más la honestidad y el buen hacer que el dinero.

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