¿El Gobierno español o el Congreso de Diputados regulará el lobby en esta legislatura? Ésta es la pregunta que muchos nos hacemos en estos momentos. Por ello, y sabiendo que son muchas las opiniones y sugerencias que se está recibiendo, consideramos que puede ser útil un breve repaso a la regulación del lobby en Israel –ya hay que terminar con el tópico de que el lobby sólo está reconocido en Estados Unidos-.

Después de varios intentos fallidos, en abril de 2008 la Knesset –el Parlamento israelí– aprobó una ley en la que se regulaba la actividad de los lobistas. Los parlamentarios coincidieron en que era una ley necesaria para mejorar la transparencia en el país, y Shelly Yachimovich, una de las diputadas promotoras de la legislación, afirmó que la norma perseguía equilibrar la fuerza de los ricos, que son representados por lobistas, y los ciudadanos en general. Es decir, la regulación y reconocimiento del lobby, favorece la mayor participación de la sociedad.

La ley israelí define al lobista como aquella persona cuya ocupación consiste en realizar acciones para persuadir a miembros de la Knesset en la toma de decisiones sobre legislación u otras iniciativas que se discuten en el marco de la cámara legislativa. De acuerdo con esta caracterización, únicamente queda regulado el lobby legislativo, y no el que se puede realizar sobre personas que forman parte del poder ejecutivo.

La norma obliga a los lobistas a obtener un permiso de una Comisión especial, encabezada por el Presidente de la Knesset, para poder entrar y trabajar en el entorno de la cámara, teniendo que aportar información sobre los clientes a los que representa y si es miembro de algún comité de partido. Durante el tiempo que están en la Knesset, los lobistas deben llevar una acreditación naranja con su nombre que los identifica visualmente como lobistas. Algo que no deja de parecerme extraño, y por qué no también el electricista, el letrado, el abogado, se ponen una identificación…

Además, la ley recoge un período de “cooling-off” (o enfriamiento) según el cual exdiputados, antiguos ministros y trabajadores de la Knesset no pueden ejercer la actividad de lobby hasta después de un año de abandonar su cargo. Por último, la norma también prohíbe a los lobistas entregar a los parlamentarios cualquier regalo o beneficio para promover los intereses de su cliente, así como intentar influir de manera ilegítima sobre ellos con presiones o amenazas. La sanción que se prevé para la vulneración de estos supuestos es la prohibición al lobista infractor de su entrada en la cámara, pero no se establece ninguna pena pecuniaria ni de cárcel, lo que debilita la efectividad de la norma.

En respuesta a este escándalo, el Forum for Government Connections, compuesto por la mayoría de firmas de lobby de Israel, publicó un Código ético en mayo de 2012 después de la celebración de varias reuniones en las que se discutió la manera adecuada en la que los lobistas debían trabajar con cargos electos y funcionarios. El Presidente de la Knesset valoró positivamente este paso adoptado por los lobistas, y añadió que cada lobista debía hacerse personalmente responsable de cumplirlo.

A raíz del debate surgido en el país en torno a la regulación del lobby, el Israel Democracy Institute (IDI) publicó un informe a inicios de 2013 analizando los efectos de la ley aprobada en 2008 y realizando una serie de recomendaciones para mejorar dicho marco normativo.

El Presidente de la Knesset, Reuven Rivlin, se comprometió el año pasado a modificar la regulación. “La Knesset no pretende erradicar la profesión de lobista, sólo regular su trabajo con aquellos que toman las decisiones”, dijo Rivlin, y añadió “el lobby equilibrado y organizado es legítimo e incluso bienvenido en una democracia parlamentaria”.

Considero que hemos dado el paso de reconocer el lobby como algo no sólo permitido sino necesario para una democracia, pero su regulación está en un proceso amplio de maduración, donde en todos los países donde se ha regulado, después la norma ha sido puesta en cuestión o modificada.

Principales propuestas del Israel Democracy Institute (IDI) para la mejora de la regulación del lobby

  1. Regular la actividad de los lobistas que son trabajadores permanentes de una organización y actúan únicamente en representación de ésta (“in-house lobbyists”), equiparándola  con la normativa que se aplica a los lobistas que trabajan para consultorías independientes.
  2. Ampliar el ámbito de la regulación, incluyendo también las actividades de lobby extraparlamentarias, es decir, las relaciones con funcionarios y otros miembros del poder ejecutivo.
  3. Extender la duración del período de “cooling-off” durante el cual los exdiputados, antiguos miembros del gobierno y trabajadores de la Knesset pueden realizar actividades de lobby sólo pasado un año y medio después. Además, esta prohibición también debería aplicarse a los altos cargos de la Administración.
  4. Exigir a todos los lobistas la publicación de un informe anual de sus actividades, que sería publicado en la página web de la Knesset.
  5. Obligar a los lobistas a manifestar a quién están representando en el desarrollo de sus actividades en la Knesset, especialmente durante las sesiones de las comisiones.
  6. Endurecer las sanciones para los casos de quebrantamiento de la regulación del lobby, dotando a las infracciones de carácter penal e imponiendo multas.

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